
En febrero de este año ya eran 225.000 los españoles que habían tenido que emigrar en busca de un empleo [1], sin ningún romanticismo, sin un Valderrama que les cante y arrastrando tras de sí el pesimismo congénito tan típicamente español.
Estos emigrantes suelen estar acostumbrados a que sus interlocutores, al notar su acento, les interroguen sobre la tortilla, las tapas, el sol y lugares emblemáticos, pero rara vez se encuentran con alguien que les diga "¿y por qué no os quedáis y lucháis?"
Cuando esta pregunta no emana de Gramsci y su "odio chi non parteggia" sino de un ciudadano "medio", uno se sorprende grandemente.
¿Qué hacer si los que trabajan de 8 a 8 por
Difícil de responder. Algunos se resignan y esperan a que alguna chispa prenda la llama, otros a un mesías, otros a un milagro pero todos se sentirían como viles desertores ante la expectante mirada del vendedor de muebles de segunda mano que te recordó que aunque huyas llevas la marca de Caín impresa en el DNI.
“Quien sabe del pasado sabe del porvenir.”
―Ramón María del Valle-Inclán
Foto: Propia, "Fare gli italiani", Torino. Maletas de los inmigrantes italianos.
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